Escribo este post con motivo de la semana autopublicados, ya que creo que la autoedición, autopublicación y la edición independiente son una fuente de diversidad muy importante y que hay que tener en cuenta, pero que siempre las lleva muy muy putas a la hora de conseguir resultados. Así que os voy a contar una historia de números, jugadores de béisbol y libros.
Corría el año 2002, Brad Pitt nos miraba desde la gran pantalla, mascando chicle, como buen manager del equipo de béisbol con menos presupuesto de toda la liga. Tan pobre era el equipo que dirigía, que tenían que cobrar los refrescos a los jugadores. Y Brad Pitt mascaba chicle mientras escuchaba el partido en la radio, porque Brad Pitt no veía nunca los partidos; pensaba que daba mala suerte.
Es el principio de la película, y Brad Pitt pierde. Por supuesto nuestro héroe no se rinde, ¿habéis visto a Brad Pitt rendirse alguna vez?, y en parte por casualidad contrata a un economista que le dice que el juego está amañado sin saberlo, que los jugadores que todos los demás valoran no son los mejores. Que se puede crear un equipo ganador barato empleando un algoritmo, que se puede vencer a los grandes, por muy pequeño que seas…





