Y para el 4 de julio por fin podréis continuar con la saga 🙂
¿Sabéis a quién va a visitar Liu Bei? Hablaremos mucho de él en breve…
Obviamente no todos 🙂
Pero por fin he coincidido con una exposición de los famosos soldados de terracota en Barcelona y he de decir que me ha resultado impresionante. Estas figuras de arcilla de 300 kg y casi 1,80 m de altura que han sobrevivido hasta nuestros días (fueron hechas alrededor del 221 a.C.) no solo son un gran monumento funerario, sino que reflejan a la perfección la vestimenta de los soldados de aquella época. Todos están representados, desde el recluta campesino…
Hasta el general.
Además de los soldados y uno de los carros de terracota, la exposición incluye un documental en el que se muestra cómo fueron producidos. Aunque si os queréis ahorrar un poco de tiempo podéis ver el documental tranquilamente en casa antes de ir.
Muy interesante. Si da la casualidad de que estáis en Barcelona, podéis verla hasta el 2 de junio, los últimos días tienen un descuento del 40%.
Por cierto, la exposición también incluye algunas piezas de la dinastía Han, tomadas de otro yacimiento arqueológico cercano a la tumba del Primer Emperador.
Y en exclusiva mundial, de momento, podéis encontrar los Tres Reinos y otros libros míos y de la Editorial Café con Leche en la librería Chronos en Barcelona 🙂
Os recuerdo que este fin de semana en Barcelona estaré en el stand de la Editorial Café con Leche en el Kboom 🙂 Venid a charlar un rato si queréis, o a ver el Romance de los tres reinos y los libros de Café con Leche, que también son cucos. María Gay Moreno, la chica que arregla el desastre de comas que yo creo, estará presente el sábado por la tarde, firmando además sus propios libros.
Si queréis saber el resultado de la batalla de Guandu, éste es vuestro libro 🙂
Quizás te interese este Google Maps de los Tres Reinos, hecho por uno de los usuarios del foro Scholars of Shen Zhoupor el usuario mika3851.
A estas alturas de la novela, y sobre todo en el enfrentamiento entre Cao Cao y Yuan Shao, hemos visto la importancia de los suministros en todos los combates. La escasez de suministros es suficiente para ganar o perder una batalla.
Viviendo en nuestro mundo globalizado nos cuesta ver esta situación, salvo quizás en los casos de asedio, donde vemos lógico que sea difícil alimentar a una ciudad aislada. Pero ya hemos visto en capítulos anteriores que el asediante también puede tener problemas para alimentar al ejército, ¿Cómo es esto posible?
Si la literatura épica occidental suele obviar este hecho, no así la China. En el caso del Romance de los tres reinos, las menciones a las normas habituales de la guerra son frecuentes y ya en el Arte de la guerra, Sun Zi decía:
Cuando un país se empobrece a causa de las operaciones militares, se debe al transporte de provisiones desde un lugar distante. Si las transportas desde un lugar distante, el pueblo se empobrecerá. Los que habitan cerca de donde está el ejército pueden vender sus cosechas a precios elevados, pero se acaba de este modo el bienestar de la mayoría de la población. Cuando se transportan las provisiones muy lejos, la gente se arruina a causa del alto costo. En los mercados cercanos al ejército, los precios de las mercancías se aumentan. Por lo tanto, las largas campañas militares constituyen una lacra para el país. Cuando se agotan los recursos, los impuestos se recaudan bajo presión. Cuando el poder y los recursos se han agotado, se arruina el propio país. Se priva al pueblo de gran parte de su presupuesto, mientras que los gastos del gobierno para armamentos se elevan. Los habitantes constituyen la base de un país, los alimentos son la felicidad del pueblo. El príncipe debe respetar este hecho y ser sobrio y austero en sus gastos públicos.
Las razones de esto son varias. Para empezar la comida se produce de manera local, con un transporte difícil y una cosecha anual. No es posible traer comida de otros países suficiente para alimentar a la población, lo almacenado es lo que hay. Cada vez que se destruye o falta una cosecha, esa comida es irrecuperable.
Por otro lado, un soldado en campaña consume más que un civil. El soldado no solo combate, sino que levanta campamentos, marcha de un país a otro, lleva el equipo, cava zanjas, contruye puentes… Se han hecho estudios modernos sobre el consumo de calorías de un soldado y es al menos un 50 % superior al de un civil. Esto significa que cada vez que Cao Cao ataca un territorio, las necesidades alimenticias de sus dominios aumentan. Y esto solo se puede conseguir o bien via impuestos, lo que hará sufrir a los campesinos, o bien via compras de comida. La segunda opción hace sufrir a los habitantes más pobres de las ciudades, que verán como los precios de la comida aumentan.
De ahí que sea tan importante para un señor de la guerra el control de la comida, y de ahí que uno de los éxitos de Cao Cao fuese la recuperación de tierras abandonadas por la guerra (mencionado en el capítulo 33), donde instalaba a soldados que no tuviesen que combatir en ese momento o a emigrantes de otras regiones.
Aunque obviada en la literatura, esta forma de pensar era común en el mundo antiguo, y en Europa también Cicerón entre otros pensadores se hicieron eco de la necesidad de alimentar al pueblo y sobre todo al ejército. No ha sido hasta recientemente que, cegados por el capitalismo industrial, la importancia de la comida y del consumo de comida ha sido minimizado, olvidando que sin comida todo lo demás no existe.
Bueno, he encontrado en varios sitios que he resumido la saga en 5 o 6 volúmenes, según cuando la encuentren. Que no, que es que no he terminado todavía 🙂
Estoy haciendo una traducción completa, pero llevará su tiempo llegar a los 120 capítulos necesarios…
Vas al mercadillo un domingo y te encuentras una novela vietnamita de nombre Sin título. Tu hermana, que sabe que eres un frikazo te dice que la compres, y lo haces, y con gusto. La novela es reputada, buena, trata un tema como la Guerra de Vietnam desde el punto de vista de los vietnamitas, algo que, por desgracia, para mí es novedoso. Y según lees la novela te encuentras con un diálogo del tipo: «Parece que estemos a punto de realizar el juramento de los melocotoneros». Y no hay nota de traducción, pero sabes de qué están hablando…